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Testimonios   Testimonio - Naiara

Naiara: "Como ya me habían advertido desde España, fui al voluntariado sin ninguna expectativa de lo que me iba a encontrar y también sin mucha idea, ya que hasta dos días antes de partir no entré en el grupo de Whatsapp en donde estaban las otras voluntarias que ya estaban en el proyecto.
Una vez en el avión rumbo a Tanzania empecé a pensar que dónde me estaba metiendo, que qué se me había perdido a mí en aquellos lares, sola, y sin saber cómo iban a transcurrir los días.
Pero en cuanto pisé suelo africano y me encontré con el coordinador, supe que había tomado una buena decisión. La acogida fue muy cálida y una vez llegados al orfanato, pude sentir que allí era el sitio donde tenía que estar.
Conocí a los niños y a las niñas que vivían allí, y a algún que otro vecino o vecina que pasaba las tardes jugando con ellos. Conocí a otros miembros del proyecto, que me dieron la bienvenida como si hubiera regresado a casa después de un largo viaje. Y conocí a mis preciosas compañeras de aventuras, otras tres voluntarias que me acogieron como a una más.
 
Los días fueron pasando y cada vez me sentía más a gusto y feliz en el poblado. Lo mejor de todo es que no tienes un horario estricto que cumplir, ni unas tareas concretas que realizar. Allí cada uno ayuda con lo que puede, sabe o quiere. Así que un día lo dedicábamos a lavar ropa, otro a ayudar con la comida, otro a limpiar, visitar a los peques en sus clases o simplemente estar en el orfanato jugando. La vida transcurre diferente en Tanzania, y eso te aporta una paz y una tranquilidad difícil de explicar.
 
Si tuviera que destacar alguna cosa que me ha llamado realmente la atención de allí, sería que ni un solo día vi a los niños o a las niñas pelearse. Todo lo contrario, siempre ayudándose, siempre jugando juntos, siempre compartiendo lo que tienen y sin quitarse esas sonrisas de las caras. Y del mismo modo con todos y todas las que pasamos por allí, siempre ayudándonos, siempre pendientes de que estuviéramos bien y dándonos un cariño infinito. Es curioso pensar como aun sabiendo que nos iríamos pronto y que por allí pasa gente continuamente, no pierden las ganas de abrazarte y darte un beso en cualquier momento. 
Y ahora es cuando viene el tópico de siempre, pero que es la única verdad que existe para mí. Yo no sé lo que les habré aportado a todos ellos y a todas ellas, pero lo que sí sé es que lo que a mí me han dado no se paga con todo el dinero del mundo, y eso, no lo voy a olvidar nunca. Se hace complicado redactar tantos sentimientos juntos, pero con lo que me quedo de este voluntariado, es que he vuelto siendo una persona diferente a la que me fui, más positiva y feliz.
El orfanato, el poblado, Tanzania y África han sido el oasis en mitad de mi desierto. Jamás podría haber tomado una decisión más acertada".
 
                                          




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