«No sabría por dónde empezar a describir mi experiencia en Cuzco. Mi proyecto fue maravilloso, desde el primer momento en el que esos niños te ven y cogen tu mano con una sonrisa y no te la sueltan hasta el último día en el que tienes que marchar… Realmente hacen que no te quieras ir… Después están esas mamás tan luchadoras, a las que poco a poco consigues ir conociendo, y las cuales me provocaba una enorme admiración. La verdad es que no dejé de aprender a cada momento de todo lo que allí me rodeaba. Y por supuesto, vivir la experiencia en la casa en la que lo hice, en la que te dan un cariño inmenso, donde eras una más, en la que te enseñaban desde dentro su increíble cultura y tradiciones. Estuve un mes y me despedí en el proyecto y en el aeropuerto con una pena de que ya se terminase y diciendo que volvería pronto porque realmente estás tan bien que, al menos yo, no quería volverme»

 

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