ONGVoluntariado-testimonio-voluntario-voluntariado-internacional«Seis de la mañana, tres de la tarde y nueve de la noche: tres horas al día en las que imágenes devastadoras de este injusto mundo llegan a nuestras retinas. Tres horas que pueden, y quiero pensar, que remueven consciencias pero que son totalmente insuficientes para adentrarte en la cruda realidad de esas personas.
Tras muchos años reaccionando frente a esas noticias con simples pensamientos de tristeza, rabia e impotencia, decidí emprender un camino con rumbo a lo desconocido. Tal vez por mi profesión, tal vez por mi situación actual o por cientos de posibles tal vez cargué la mochila a mi espalda rebosada de material pero sobretodo de ilusión. Así inicié mi viaje, pero jamás pensé que esa misma mochila volvería tan llena de tantas historias de esfuerzo, lucha, superación, resignación, entusiasmo y amor, muchísimo amor.
Durante un mes he vivido experiencias inolvidables. Durante la primera semana mi trabajo consistió en conseguir los diagnósticos, observar y valorar a los niños, ya que no disponía de ningún tipo de informe médico.  Una vez dispones de las pautas de tratamiento es fácil, es para lo que te han formado durante cuatro años. Lo realmente difícil es conseguir que esa rehabilitación, esencial para muchos de ellos, siga de por vida. Para solucionar esto, me involucré en el entorno familiar de estos niños para enseñar a los padres cómo ejercer de fisioterapeutas. Estas visitas a las casas tenían dos objetivos claros: el primero enseñar los ejercicios y el segundo que los padres recibieran apoyo.
He querido explicar este ejemplo de “iniciativa” que tuve para motivar a la gente y decir que simplemente con tiempo y ganas en estos países se puede hacer mucho. Para esto es necesario dar un paso adelante y dejar atrás la adorable zona de confort que nos atrapa y así dejar de escuchar la frase que tanto escuché antes de cambiar mi invierno por verano: Marta, ¡estas loca! ¿Tú sabes dónde vas…?»